dcn. jay quinby's scribbles &c

I preached all four masses this past weekend, and for the first time in Spanish. I worked very closely from the text below and have decided to post the Spanish version.

Homilía para la Solemnidad del Bautismo del Señor

Nuestro Señor viene a Juan para ser bautizado. Pero, ¿por qué? La respuesta de Juan es perfectamente razonable, porque él sabe quién es Jesús. Sin embargo, nuestro Señor insiste en su petición: “Déjalo ahora, porque así nos conviene cumplir toda justicia.”

Y cuando Juan termina de bautizar, toda la Trinidad se manifiesta: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Sabemos como católicos que el Bautismo hace varias cosas: quita el pecado original. Nos hace parte de la Iglesia y abre el camino a los demás sacramentos. Se nos manda hacerlo para que podamos ir al cielo. Por eso es el sacramento más importante - tan importante que, en peligro de muerte, cualquier persona puede bautizar a otra. Así de importante es.

Sin embargo, nuestro Señor no necesitaba un sacramento. No tenía pecado original. No le falta nada. Él vino del Cielo, y ciertamente no necesita nada de nosotros para regresar allá. Él mismo no está atado a los sacramentos o reglas que nos da a nosotros.

Entonces, ¿por qué pasa por esto?

Lo hace para mostrarnos cómo nosotros también podemos nacer de nuevo del agua y del espíritu. Como discípulos, como dice un antiguo dicho judio - nos toca seguir a nuestro maestro - seguirlo tan de cerca que el polvo de sus sandalias caiga sobre nuestras ropas.

Primero - nos está mostrando lo que nosotros también debemos hacer, y al santificar las aguas del Jordán, hace posible bautizar con cualquier agua en cualquier lugar. Este sacramento no está atado a un lugar en particular - el agua cubre la mayor parte de la tierra, y también la invitación de Dios a la vida divina. Este momento es uno de los pocos que muestran a Jesús como verdaderamente es—en este caso, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La misma Trinidad en cuyo nombre se nos manda bautizar después.

Segundo - aunque sin pecado, asume la figura del pecador. Esto anticipa su muerte en el Calvario.

Tercero - como escribió San Gregorio Nacianceno (Oratio 39.15), Él desciende al agua como descendió del Cielo. Cuando sale del agua, lleva consigo al mundo pecador - de la muerte a la vida.

Esta revelación de Jesús encaja bien y con propósito al final de la Epifanía. Primero vino en la carne - la Navidad. Luego se mostró con los dones de oro y incienso, que era Rey y Sumo Sacerdote. También se nos mostró que moriría con el don de la mirra.

Ahora nos muestra el comienzo de la vida sacramental por la cual recibimos las gracias de Dios, y este sacramento primero que todos. Es apropiado - muy apropiado - que celebremos este momento ahora, en uno de los puntos importantes del calendario.

Pueden pensar en el año litúrgico como un mapa que muestra toda la historia de la salvación. En este mapa hay dos montañas. Subimos una lado de la primera montaña el Adviento y llegamos a su cumbre en la Navidad. Hemos estado bajando por el otro lado durante algunas semanas - la Sagrada Familia, la Epifanía, y ahora estamos aquí, casi en terreno llano, a punto de entrar en nuestro primer período del Tiempo Ordinario.

Es posible pensar que Este período corresponde, de cierta manera, con el tiempo del ministerio de nuestro Señor en la tierra. Él ha nacido, ha sido bautizado, y nosotros los fieles bautizados caminaremos con él hacia la próxima montaña, que es aún más grande. Nos tomará toda la Cuaresma subirla, y cuando lleguemos a la cima, seguiremos hacia Pentecostés, y todo lo necesario para nuestra salvación estará completo - la Pasión de nuestro Señor y el nacimiento de la Iglesia. Luego volveremos a esperar con la Iglesia a que él venga de nuevo al fin de los tiempos. Y esa espera se convertirá en un Adviento, y sigue y sigue.

Pero por ahora - el camino está comenzando. Nuestro Señor ha sido bautizado. Ustedes también lo han sido, o espero que si. Si no han sido bautizados, por favor hablen conmigo o con el Padre después de la Misa. ¡De verdad queremos hablar con ustedes!

Como bautizados, se hicieron ciertas promesas por nosotros. Las afirmamos con más fuerza en nuestra Confirmación. Si no han sido confirmados…por favor hablen conmigo o con el Padre después de la Misa. ¡También queremos hablar con ustedes!

Renunciamos a Satanás y a todas sus obras. Profesamos nuestra fe en Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. De nuevo la Trinidad. Profesamos fe en la Iglesia, el perdón de los pecados y la resurrección del cuerpo. Nos unimos al Pueblo de Dios, ungidos como sacerdotes, profetas y reyes.

Esas promesas y responsabilidades vale la pena revisarlas y renovarlas, porque nos marcan como hermanos y hermanas de Cristo. Esta es la alegría más grande que existe, y es nuestra tarea llevar esa alegría a nuestro campo de misión, que está fuera de este edificio y por toda nuestra parroquia: nuestros hogares, nuestro trabajo, en todas partes. Sé que se siente como si las fiestas hubieran terminado, y seguro, esta parte del año litúrgico está terminando, pero el trabajo apenas comienza. De Belén al Calvario — caminemos juntos con alegría con el Senor, proclamando el evangelio a todos. A todos personas, a todos partes de nuestra campo de misión.