La misa medida y la tierra rica del silencio

Homilia por el Jueves de la III semana del Tiempo ordinario

2 Samuel 7, 18-19. 24-29
Salmo 131, 1-2. 3-5. 11. 12. 13-14
Marcos 4, 21-25

La misma medida que utilicen para tratar a los demás, esa misma se usará para tratarlos a ustedes, y con creces. Al que tiene, se le dará; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará.

Nuestro Señor nos enseña cómo debemos recibir sus enseñanzas. Aunque no tuvimos servicio ayer, el evangelio describió, con la parábola del sembrador, a los que reciben la palabra de Dios, y cómo en la tierra rica, las plantas pueden echar raíces profundas, crecer y producir ‘sesenta o ciento por uno.’

Seguimos hoy con un tema similar. Si recibimos las enseñanzas del Señor de manera superficial, solo tenemos poco. Tenemos que recibir sus enseñanzas, sus palabras en lo profundo de nuestras almas, oyendo con los oídos de nuestros corazones, como está escrito en el Prologo de la Regla de San Benito. Y cuanto más podamos recibir, más podemos crecer, y recibimos aún más. Nadie puede ser más generoso que Dios.

¿Pero cómo podemos escuchar con los oídos del corazón? Primero, tenemos que encontrar un poco de silencio. Hoy día, es difícil, ya lo sé. Una forma, un método es orar con las escrituras - lectio divina. Cuando oramos con las escrituras, podemos escuchar la voz del Señor en sus propias palabras. Leemos un poco, y meditamos un poco. Leemos un poco más, y esperamos a que una palabra o una frase capte nuestra atención. Nos quedamos un momento con ella, meditando un poco más con la inspiración del Espíritu Santo. Y finalmente damos gracias por el don de su palabra que hemos recibido. Para esto, podemos usar las lecturas de hoy o cualquier parte de la Biblia. También hay muchos que usan libros escritos por los santos. Estoy usando un libro de San Francisco de Sales en mis devociones diarias.

En esta forma de oración, entramos en silencio. Ofrecemos la tierra rica del silencio, y como dice el evangelio, esa misma se usará para tratarlos, y con creces y al que tiene, se le dará. Sea cual sea nuestra elección, cultivemos el silencio y recibamos la plenitud de la gracia del Señor.